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~ Esto es un producto de ƑAℓℓ AnGeℓ ' ѕ PRoDucTioNѕ :3 ~


~.Okesutora Ai.~

Es un One shot de Marsh.

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Aviso: Este One-Shot contiene Shõnen-ai (romance leve entre dos hombres). Si no te gusta este género, no sigas leyendo. Gracias :3.

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Escuchar~

Se había puesto el sol a la misma hora de siempre.

Dos chicos, parecidos, pero tan distintos, yacían inmóviles en la hierba, mientras el viento les movía el pelo al ritmo de la música su hogar. Suure, su pueblo, estaba de fiesta desde hace dos semanas, y toda la gente estaba alegre y eufórica. 

Yoru se levantó. Llevó su mano pesadamente hacia su frente, y sus palabras cayeron como en un susurro hacia Akaru.

Akaru...-dijo.- Creo que hay que volver a casa.

No eran hermanos, sino vecinos, pero estaban unidos como si fueran conocidos de toda la vida, aunque no era así, Yoru se había mudado a Suure sólo 3 meses atrás. Pero en ese corto tiempo se habían hecho tan amigos que se trataban como hermanos, a pesar de que eran como el día y la noche, nunca mejor dicho. Yoru, pelinegro de ojos oscuros, con su característica herida bajo el ojo derecho, a la que tenía tanto cariño, y Akaru, rubio ojiazul, con sus dos lunares sobre el labio, despertaban expectación cada vez que caminaban por el pueblo, ya que los habitantes de Suure no destacaban precisamente por su gran discreción.

Así que optaron por esconderse en el bosque. 

Cada día al amanecer, subían por la que conversaban antes de cambiarse de ropa. Una vez acababan de hablar, corrían las cortinas y se cambiaban rápido. Yoru siempre acababa antes que Akaru, y le esperaba en la farola, donde se entretenía viendo la publicidad que allí colocaban. Como siempre. Era su rutina. Y les gustaba. 

Claro, no sería un rutina eterna. 

.******.

Amaneció a la hora de siempre, y un rayo de sol se filtró por las persianas de Akaru, llegando a sus ojos. Lentamente, éstos se abrieron.

-Waaah...-extendió sus brazos a la vez que abría su boca.- Es hora de levantarse...-diciendo ésto, se levantó y subió la persiana.

Cogió una piedra en la maceta de la repisa de la ventana, la cual abrió con mucho ímpetu, y se la tiró a la persina del vecino, gritando:

-¡Despierta vago! ¡Ya ha salido el sol!-Una y otra vez tiraba piedras, repitiendo eso en un ciclo que solo paraba cuando su vecino levantaba su persiana.

Como siempre, Yoru abría la persiana a la velocidad del rayo, como si estuviese esperando a que Akaru le empezase a apedrear. Claro, el rubio no podía preveer cuándo iba a abrir, asi que, como siempre también, una piedra le daba bajo el ojo, marcando cada vez más su herida tan preciada. Cuando la piedra le daba, el pelinegro ponía ojos de exasperación y, casi a la vez, se echaba a reír. Akaru, contagiado por su buen humar mañanero, estallaba en risa también.

-Y qué, qué te cuentas?-mientras decía esto, Yoru llevaba su índice a su marca debajo del ojo, sacaba la lengua y esbozaba una gran sonrisa.

Akaru le contestaba de distintas formas todos los días. Así comenzaban siempre sus mañanas. Seguían hablando asomado uno al balcón del otro, hasta que alguno de los dos decía:

-Es hora de irse...

A estas palabras, el otro entendía perfectamente, asentía con expresión seria y bajaba con decisión la persiana. 

Si no comentan no sigo :c (?